martes, 2 de diciembre de 2014
El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es la
patología neurocomportamental más común de la infancia. Los síntomas
aparecen en edades muy tempranas, antes de los siete años, repercutiendo
en
la vida diaria del niño y puede perdurar hasta la vida adulta . Causa
una importante disfuncionalidad no sólo en el niño, sino también en el
grupo
familiar.
El trastorno se caracteriza por presentar dificultades crónicas en la
atención, hiperactividad e impulsividad, de manera más frecuente y grave
que
en niños de un nivel de desarrollo similar. Por lo tanto no es la
presencia de
estos síntomas lo que determina la disfuncionalidad, sino la intensidad y
frecuencia en cada etapa evolutiva . Se
asocia con el aprendizaje, trastornos
perceptuales, de
conducta y de lenguaje, alteraciones del sueño, escasa tolerancia a la
frustración, baja autoestima, dificultades para manejarse entre sus
pares y en
algunos casos, conductas agresivas y desafiantes; sintomatología que
repercute en la dificultad que tienen de aceptar las normas propuestas
por el
adulto. Esto suele ser más notorio cuando comienzan la etapa escolar,
dificultando su desempeño escolar ,
Los estudios respecto a la etiología del TDAH parecen indicar que el
trastorno no puede ser entendido como el efecto de una sola causa, sino
que la
etiología del mismo es multifactorial. Si bien posee un componente
hereditario
importante, es considerado como el resultado de la interacción
genes/ambiente, es decir, de la interacción de factores ambientales de
riesgo y
la susceptibilidad de múltiples genes, tratándose de un tipo de herencia
poligénica multifactorial; con influencia cuantitativa y expresión
variable,
dependiendo de factores ambientales diversos.
influyendo
en la forma en la que la hiperactividad, la impulsividad y la
desatención son
comprendidas y manejadas por la familia, la escuela o la sociedad.
Entre los
factores del ambiente que pueden influir en el curso del trastorno se
destacan,
los estilos parentales que promueven efectos determinantes en el
comportamiento infantil y en el desarrollo de la personalidad. Es de
destacar
que la calidad de la relación afecta el desarrollo de la personalidad
infantil sólo
en función de la forma en que la percibe el niño, esto es, según la
creencia que
él tiene acerca de lo que sus padres piensan o sienten. Depende de la
atribución que el niño hace del comportamiento de sus padres, por lo que
estará más relacionada con su capacidad de adaptación que el
comportamiento “real” de los mismos.
Las experiencias tempranas de vínculos de apego se constituyen como
reguladoras de las experiencias de estrés del niño, respondiendo a sus
necesidades y proporcionando estimulación y sostén emocional .
La percepción del niño de una relación contenedora por parte de los
padres es uno de los mayores recursos con los que cuenta; cuando se
siente
aceptado por sus padres le es más fácil adaptarse a nuevas situaciones
ya que
el apoyo de los mismos reduce los efectos negativos de los estresores
sobre la
salud mental, mejora la autoestima, el sentido de integración social, la
percepción de control y la efectividad de los afrontamientos; mientras
que
cuando percibe relaciones inapropiadas desarrolla afrontamientos
desadaptativos y experimentan sentimientos de soledad y depresión. Los niños con TDAH perciben la relación parental
como
predominantemente rechazante, provocado por una baja aceptación y un
control patológico (agresivo o ansiógeno) de ambos padres, el cual
influye
sobre la inhibición generalizada, la evitación cognitiva,
autoinculpación,
autovaloración negativa y soledad . Se alejan
así
de lo que se denominan familias democráticas, caracterizadas por la
aceptación y el control normal de ambos padres, facilitando los
afrontamientos
adaptativos como, el análisis lógico de la situación, la
reestructuración cognitiva
y la acción sobre el problema. Y se diferencia de las familias
autoritarias, en
donde el niño percibe aceptación por parte de sus padres pero acompañado
de
un control patológico, basado en el castigo, la ansiedad o la frialdad.
Esto
aumenta la estrategia de búsqueda de apoyo que indica falta de confianza
en
los padres.
Así, los padres de niños con TDAH suelen utilizar un estilo
disciplinario
disfuncional, caracterizado por mayor permisividad, menos nivel de
comunicación y mayor sobreprotección. Los métodos de disciplina usuales
no
funcionan con la misma eficacia y suele provocar frustraciones en los
padres
utilizando una disciplina más negativa e ineficaz.
El objetivo del presente trabajo consiste en comparar los estilos
parentales percibidos en niños con y sin diagnóstico de TDAH desde la
perspectiva tanto de los niños como de sus padres.
Los resultados obtenidos permitirán elaborar estrategias de prevención e
intervención psicológica a nivel individual y familiar, que contribuyan
en el
fortalecimiento y generación de estilos parentales más funcionales.
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